miércoles, 30 de abril de 2008

El hambre


El flaco tiene la cabeza metida en un placard alto y de madera. El alto parece estar muy preocupado. Camina de una punta a la otra de la habitación. La solución al dilema se le presenta de repente como un milagro. Sale pero solo por un instante. Vuelve con una jaula para pájaros, todos estamos vacíos. Mientras tanto el flaco sigue revisando, buscando para no encontrar. El alto contempla la ausencia de un pájaro.

Flaco: ¿Podemos comernos una campera de cuero roja?
Alto: Son malas para la circulación.
Flaco: Tengo una bata blanca de algodón hasta las rodillas. Tiene un codo prendido fuego y una mancha que crece si le silvás bajito.
Alto: Eso para el postre.
Flaco: Tengo un poco de dudas con la entrada. Si pongo ojotas ventiladas con pañuelo no creo que alcance. Tengo solamente dos pañuelos.
Alto: Si son a cuadros los pañuelos vale la pena.
Flaco: El plato principal no se discute. Un vestido blanco a lunares negros. Siempre quise tener una mujer que me cante vestida así. Compre el vestido hace quince años. Todavía no tengo quien me cante.
Alto: Si comemos nos morimos.
Flaco: Bueno, entonces suspendo la entrada. Puedo airear las pantuflas.
Alto: Mi pájaro ya no canta. Comió ayer maís y ya no canta. Miralo ahora.
Flaco: Ya te dije mil veces que no es lugar el medio del living para poner una jaula de pájaros. Para eso están los baños.
Alto: Tengamos hambre.
Flaco: Eso nos haría inmortales y no quiero vivir tanto.
Alto: Comer es morir. Un manjar y se puede derrumbar un edificio encima de ti.
Flaco: A mi me gustaría una foca arriba de una mesa.
Alto: Comer el mundo y ser comido. ¿Era así no?
Flaco: La belleza será digerible o no será. ¿Cuántas vagones de tren vamos a necesitar?
Alto: Si no conseguimos la cabina como diez
Flaco: Entonces vomitaré todos los rieles del monte y construiré una casa para que por allí, cuatro veces a las cuatro de la tarde, pasen subtes de personas horneadas por el calor de los tiempos, rosadas por las camisas, tocándose en ese de apretarse y dejarse excitar. Es muy alegre, pero hoy tengo muchas ganas de estar muerto.
Alto: Entonces, grastroestéticamente hablando, deberías comer y ser comido. Morirías en una entrega absoluta, obsesiva y paranoica.
Flaco: Eso no me gusta. Prefiero el hambre, prefiero dejar todos los manjares por probar, pudriéndose arriba de una mesa tibia y de madera. Hoy voy a empezar a morir de a poco, hasta ahora todo fue un juego, pero hoy moriré de verdad. Quiero dejar lo posible inexplorado y desértico. Mi muerte esconderá lo mis silencios por una eternidad. Será una muerte consagrada a la belleza.
Alto: Puedo ofrecerte un circo de desperdicios, puedo hacerte imaginar una ruta llena de viento y tierra a los costados. Quiero que piensen en una tormenta que cae al costado de un dique.
Flaco: Es que no comer es el error que nos devuelve la vida. Es el placer del sufrimiento. Es dejar que el mundo se quede desnudo para guardarme todas las prendas que tengan botones.
Alto: Yo propongo comer y vomitar.
Flaco: Yo propongo no comer.
Alto: Yo propongo comerlo todo.
Flaco: Yo propongo no proponer y pasar a la disposición. Seamos los dioses de esta miseria. Comer al mundo es cambiarlo, hacerlo alimento de los apetitos. Yo seré el hambre, siempre insatisfecho, un agujero negro que todo lo atrae a su interior para destruirlo.
Alto: Hoy será ese día que tanto esperamos, hoy nos haremos una sola persona.
Flaco: Recuperemos todas las historias ya contadas y fundemos una nueva historia.
Alto: Que sea delirante.
Flaco: Hay que abolir la voluntad de poder e imponer la voluntad del no puedo.
Alto: Seamos unos solo.
Flaco: El nombre del apetito será Blas.
Alto: Y su apellido Gurrieri.
Flaco: Será el coleccionista de nombres.

Alto: ¿Y el pájaro?

Flaco: ¿Y la jaula?

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