miércoles, 30 de abril de 2008

Soy un huevo



La cocina es un poco oscura, aunque amplia. En los techos hasta las arañas se mueren de hambre por la falta de mosquitos. Dos camas sirven de decorado, una está armada y muy prolija, esa es la del alto. La otra no tiene sábanas pero tiene almohada, esa es la del flaco.
El flaco también es alto y el alto también es flaco. La única diferencia entre los dos es que el alto es más flaco y el flaco es más alto. El flaco entra de la calle, se saca el saco y mira al alto. Lo encuentra con una bombilla en la pava, tomando mates sin yerba y sin agua caliente.

Flaco: ¿Se puede saber que estás haciendo?
Alto: Tomo mate, ¿Y vos?
Flaco: Yo vengo de la calle, de trabajar todo el día. Vengo de conseguir lo que se necesita para poder comer.
Alto: ¿Dinero?
Flaco: No, el dinero no se come. Pero traigo una idea maravillosa.
Alto: ¿Las ideas si se comen?
Flaco: Esta si.
Alto: Excelente. Contámela que tengo hambre. Desde hoy a la mañana que estoy tomando agua fría en una pava para ver si el estómago se cree una mentirita piadosa y se calla por un rato.
Flaco: ¿Y te hace caso?
Alto: Mirá, el estómago me dice que primero convenza a la pava de que el agua salga caliente y con gusto a yerba. La pava me insiste en que para eso necesita que el estomago le crea a la bombilla. A todo esto la bombilla me dice que para hacerlo más real puede estar un poco tapada. Entonces fui y le puse un poco de tierra.
Flaco: ¿Y qué paso?
Alto: La bombilla se tapó, pero ni el estómago ni la pava se pusieron de acuerdo. Así que estoy como al principio. ¿Qué idea vamos a comer hoy?
Flaco: Es una idea maravillosa. –El flaco se sienta enfrentado al alto. Agarra la pava y trata de tomarse un mate. Encuentra la bombilla tapada. La saca, la desarma y encuentra la tierra. Deja la pava a un costado.- Voy a convertirme en un huevo.
Alto: Me niego a comerte.
Flaco: Entonces hacete huevo vos. Yo no tendría problema en valorar tu sacrificio.
Alto: Eso es imposible. Mi dignidad no me permite ser otra cosa que una entidad libre.
Flaco: ¿Y un huevo no es libre?
Alto: Un huevo sólo es libre de ser huevo. Un hombre es libre de ser huevo y de ser árbol. El hombre es libre de ser lo que le venga en gana. Pero antes de elegir debe tener un motivo y eso es lo que ningún hombre libre tendrá jamás.
Flaco: El hambre es un buen motivo. Que mejor justificación que la de satisfacer el apetito de un amigo que estuvo todo el día trabajando para traerte comida.
Alto: Es una idea muy interesante. Sería un acto de integridad.
Flaco: No sólo eso. También sería la prueba irrevocable de que tu libertad no tiene límites.
Alto: Me gusta todavía más. ¿Qué tengo que hacer?
Flaco: No lo sé. No había pensado en ese detalle. – El flaco se para y piensa. Piensa con una mano en la pera, caminando de la cocina a la silla. Va y viene unas tres veces.- Ya lo tengo. Todos los días, por cuatro años, te mirás en un espejo y afirmás rotunda y definitivamente que sos un huevo. En cuatro años voy a comer una omelet maravillosa.
Alto: No se puede. En primer lugar no tenemos espejos. En segundo lugar de acá a cuatro años vamos a tener un montón de días en el medio. Con un montón de almuerzos y un montón de cenas. ¿Qué vamos a comer en todo ese tiempo?
Flaco: Eso es un detalle. Lo importante es que, en cuatro años, ya no voy a tener más hambre. Y vos vas a ser libre.
Alto: Excelente. ¿Puedo evitar lo del espejo? Tengo una foto mía de cuando era chiquito. Creo que puede servir.
Flaco: Claro que sirve. ¿Qué edad tenías?
Alto: No lo recuerdo
Flaco: Entonces no sirve
Alto: Tenía nueve años.
Flaco: Entonces si sirve. Mirá, la tenés que agarrar fijo con las dos manos, mirarte directamente a los ojos y con vos clara y firme repetir, una y otra vez, por dos horas, SOY UN HUEVO.
Alto: ¿No es mucho dos horas?
Flaco: Si querés pueden ser quince minutos, pero tendría que hacer otra vez el cálculo, seguramente el tiempo que vas a tardar en hacerte huevo cambie.
Alto: Bueno. Yo empiezo y vos hace el cálculo.
Flaco: Me parece excelente. Voy a buscar lápiz y papel para hacer la cuenta. Vos empezá con la foto.





El Flaco se levanta y trae el lápiz y un papel del cajón que está al lado de la cocina. El Alto se para y va a buscar la foto que guarda abajo de la almohada. Los dos vuelven a sus lugares. El alto agarra la foto con las dos manos y empieza a recitar en voz alta y sin parar SOY UN HUEVO. El flaco se pone a hacer cuentas en la mesa. Pasa un muy corto tiempo y el flaco lo interrumpe.


Flaco: Dos semanas.
Alto: ¿Qué cosa?
Flaco: En dos semanas vas a ser un huevo.
Alto: ¿No eran cuatro años? No puede ser, si lo digo por dos horas tardo cuatro años y si lo digo por quince minutos tardo dos semanas.
Flaco: Son matemáticas. Es exacto.
Alto: Y no hay alguna forma de transformarse más... rápido.
Flaco: Si hay una. Si repetís SOY UN HUEVO por diez años consecutivos sin parar te transformas en el acto.
Alto: No se puede. En el acto es muy rápido, tengo muchas cosas que hacer todavía. Prefiero las dos semanas.
Flaco: Bueno, empezá entonces.
Alto: SOY UN HUEVO SOY UN HUEVO SOY UN HUEVO SOY UN HUE... -El flaco lo interrumpe-
Flaco: Tengo hambre.
Alto: En dos semanas.
Flaco: No se puede, tengo hambre ahora.
Alto: ¿Y no se te ocurre nada para comer?
Flaco: Si, podemos comer pan.
Alto: Tenemos harina pero no tenemos levadura.
Flaco: Eso es lo de menos. Ya tengo una idea.

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