
El flaco también es alto y el alto también es flaco. La única diferencia entre los dos es que el alto es más flaco y el flaco es más alto. El flaco entra de la calle, se saca el saco y mira al alto. Lo encuentra con una bombilla en la pava, tomando mates sin yerba y sin agua caliente.
Flaco: ¿Se puede saber que estás haciendo?
Alto: Tomo mate, ¿Y vos?
Flaco: Yo vengo de la calle, de trabajar todo el día. Vengo de conseguir lo que se necesita para poder comer.
Alto: ¿Dinero?
Flaco: No, el dinero no se come. Pero traigo una idea maravillosa.
Alto: ¿Las ideas si se comen?
Flaco: Esta si.
Alto: Excelente. Contámela que tengo hambre. Desde hoy a la mañana que estoy tomando agua fría en una pava para ver si el estómago se cree una mentirita piadosa y se calla por un rato.
Flaco: ¿Y te hace caso?
Alto: Mirá, el estómago me dice que primero convenza a la pava de que el agua salga caliente y con gusto a yerba. La pava me insiste en que para eso necesita que el estomago le crea a la bombilla. A todo esto la bombilla me dice que para hacerlo más real puede estar un poco tapada. Entonces fui y le puse un poco de tierra.
Flaco: ¿Y qué paso?
Alto: La bombilla se tapó, pero ni el estómago ni la pava se pusieron de acuerdo. Así que estoy como al principio. ¿Qué idea vamos a comer hoy?
Flaco: Es una idea maravillosa. –El flaco se sienta enfrentado al alto. Agarra la pava y trata de tomarse un mate. Encuentra la bombilla tapada. La saca, la desarma y encuentra la tierra. Deja la pava a un costado.- Voy a convertirme en un huevo.
Alto: Me niego a comerte.
Flaco: Entonces hacete huevo vos. Yo no tendría problema en valorar tu sacrificio.
Alto: Eso es imposible. Mi dignidad no me permite ser otra cosa que una entidad libre.
Flaco: ¿Y un huevo no es libre?
Alto: Un huevo sólo es libre de ser huevo. Un hombre es libre de ser huevo y de ser árbol. El hombre es libre de ser lo que le venga en gana. Pero antes de elegir debe tener un motivo y eso es lo que ningún hombre libre tendrá jamás.
Flaco: El hambre es un buen motivo. Que mejor justificación que la de satisfacer el apetito de un amigo que estuvo todo el día trabajando para traerte comida.
Alto: Es una idea muy interesante. Sería un acto de integridad.
Flaco: No sólo eso. También sería la prueba irrevocable de que tu libertad no tiene límites.
Alto: Me gusta todavía más. ¿Qué tengo que hacer?
Flaco: No lo sé. No había pensado en ese detalle. – El flaco se para y piensa. Piensa con una mano en la pera, caminando de la cocina a la silla. Va y viene unas tres veces.- Ya lo tengo. Todos los días, por cuatro años, te mirás en un espejo y afirmás rotunda y definitivamente que sos un huevo. En cuatro años voy a comer una omelet maravillosa.
Alto: No se puede. En primer lugar no tenemos espejos. En segundo lugar de acá a cuatro años vamos a tener un montón de días en el medio. Con un montón de almuerzos y un montón de cenas. ¿Qué vamos a comer en todo ese tiempo?
Flaco: Eso es un detalle. Lo importante es que, en cuatro años, ya no voy a tener más hambre. Y vos vas a ser libre.
Alto: Excelente. ¿Puedo evitar lo del espejo? Tengo una foto mía de cuando era chiquito. Creo que puede servir.
Flaco: Claro que sirve. ¿Qué edad tenías?
Alto: No lo recuerdo
Flaco: Entonces no sirve
Alto: Tenía nueve años.
Flaco: Entonces si sirve. Mirá, la tenés que agarrar fijo con las dos manos, mirarte directamente a los ojos y con vos clara y firme repetir, una y otra vez, por dos horas, SOY UN HUEVO.
Alto: ¿No es mucho dos horas?
Flaco: Si querés pueden ser quince minutos, pero tendría que hacer otra vez el cálculo, seguramente el tiempo que vas a tardar en hacerte huevo cambie.
Alto: Bueno. Yo empiezo y vos hace el cálculo.
Flaco: Me parece excelente. Voy a buscar lápiz y papel para hacer la cuenta. Vos empezá con la foto.
Alto: ¿Qué cosa?
Flaco: En dos semanas vas a ser un huevo.
Alto: ¿No eran cuatro años? No puede ser, si lo digo por dos horas tardo cuatro años y si lo digo por quince minutos tardo dos semanas.
Flaco: Son matemáticas. Es exacto.
Alto: Y no hay alguna forma de transformarse más... rápido.
Flaco: Si hay una. Si repetís SOY UN HUEVO por diez años consecutivos sin parar te transformas en el acto.
Alto: No se puede. En el acto es muy rápido, tengo muchas cosas que hacer todavía. Prefiero las dos semanas.
Flaco: Bueno, empezá entonces.
Alto: SOY UN HUEVO SOY UN HUEVO SOY UN HUEVO SOY UN HUE... -El flaco lo interrumpe-
Flaco: Tengo hambre.
Alto: En dos semanas.
Flaco: No se puede, tengo hambre ahora.
Alto: ¿Y no se te ocurre nada para comer?
Flaco: Si, podemos comer pan.
Alto: Tenemos harina pero no tenemos levadura.
Flaco: Eso es lo de menos. Ya tengo una idea.
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