
Si había algo que Ricardo Singusto no tenía ganas de hacer en ese preciso momento era tener que darle explicaciones a un loco sobre lo ridículo y los invento y sobre el sin razón de todo este asunto. Realmente era irrisorio que el de barba se acuerdese de ir, exactamente un año después, a la misma esquina. La memoria, pensó Ricardo, se entretiene sólo en lo intrascendente. Todos conocen los límites a los que había llegado para hacer favor al humorismo, pero aquello ya no le resultaba nada gracioso. Tulipanes de por medio y lo más triste es que eso demostraba su importancia. Ricardo Singusto nervió y recorrió con la mirada una burla, esperanzado en su inminencia, sentía su cara y atajaba su olor sacudiéndole el pelo. Se imaginaba el cielo y su tristeza, lo habría hecho reír y después llorar. La noche y un murmullo de luna “hinchada de tantas estrellas”. Pero nada de esto pasó y había que hacer un gran esfuerzo por demorar el insulto.
El prolongado silencio de Ricardo pareció hacer su efecto, el barbudo no pudo mas que tomar la palabra.
Realmente me alegra mucho que me esperase, tuve inconvenientes que Usted ni se imagina para llegar aquí a horario. Cuénteme por favor, no sea tímido, ¿Como anda ricardito? Me imagino que a estas alturas debe tener los tobillos del tamaño de un océano ¿no?.
Si Ricardo hubiese estado de buen humor otra hubiese sido su actitud, probablemente se hubiese escapado de su boca una historia sobre techos y pisos y su magnifica influencia sobre las mangas de los sacos a rayas. Pero la tenacidad de este hombre para realizar una broma era envidiable, recordó los nombres, recordó la esquina y se tomó el trabajo de estar en un lugar y otra vez medio campo de tulipanes.
¿Cómo sabías que iba a estar acá a esta hora? Nunca arreglamos un horario- dijo Ricardo como sabiendo que había encontrado un punto débil en la historia.
¿Qué nunca arreglamos un horario? Pero si quedamos muy claro en encontrarnos acá mismo a las quince horas veintisiete minutos. Mire nomás, ya son y treinta y cuatro, se me hizo siete minutos tarde, ¿Cómo puede ser que no se acuerde? O que, me va a decir que vino por casualidad a esta esquina de la ciudad justo a esta hora y que nunca arreglamos en encontrarnos. Vamos, lo que sigue es que me diga que el chancho esta flaco-
Bueno, es que precisamente eso fue lo que pasó. Yo le puse el agua y le di las dosis que Usted me indicó pero el chancho no engordó nada. De hecho tuve que empezar a alimentarlo porque se me moría. No comía, no bebía, no-
A estas alturas Ricardo estaba empezando a sentir escalofríos en su estomago, un mal presentimiento lo recorrió desde la uña del dedo gordo del pie derecho hasta la punta. Como no sabía de donde venía ese presentimiento supuso que era por el barbudo, así fue que se decidió a no contradecirlo. Ricardo dejó de escribir su propia historia.
Puede pensarse que en medio de la locura la presidencia fuese real para ella, creyó que esa mugre color azul engordaría al chancho y había estado esperando un año entero alimentándose de fantasías sobre las riquezas que tendría para esta fecha. De hecho, ahora que lo pensaba bien, él nunca había arreglado un horario ¿Sería posible que estuviese esperándolo todo el día? La situación ya no tenía nada de gracioso. La densidad bordeaba lo enfermizo El barbudo parecía muy impaciente y Ricardo empezaba a entender que no conocía los límites de aquel hombre. Cuando miró el cielo estaba muy tarde.
-Dígame una cosa señor mío- le contestó el barbudo a Ricardo en un tono elevado sobre las ramas. – ¿Acaso Usted me ve a mi y ve un tarado? Yo entiendo perfectamente lo que esta pasando, pero quiero que le quede bien en claro, no voy a permitir que Usted robe mi invento, ¿Me entendió? ## NO LO VOY A PERMITIR ## Le digo más, si es necesario lo secuestro y lo torturo y hasta que no me muestre el chancho hiperengordado no lo suelto. ¿O Usted que se piensa? Yo se perfectamente que Usted, al ver los increíbles avances de mi invento, se dispuso a contratar un equipo de expertos para analizar el agua y recrear la formula, se perfectamente que está tratando en este mismo momento Usted me robar señor. Pero déjeme que le diga una cosa, por más estudios que hagan no van a encontrar nada. Me escucho bien, nada de nada, el único que puede repetir la formula soy yo. Nadie más que YO. El mismo, el múltiple.-
La cara de Ricardo se puso verde. Un día para olvidar, entre tulipanes y absurdos las alfombras de la memoria son siempre el mejor lugar. Por fuera de sus cabales, fuera de sus zapatos y fuera de su piel Ricardo perdió las circunstancias, un poco de coraje en una mueca y la válvula que contiene lo ridículo explotó.
A ver, a ver, a ver. Esto ya es demasiado, vamos a poner las cosas en claro de una vez por todas. Yo desconozco cuales son sus motivos para hacer todo esto. Si lo que busca es hacerme una broma le advierto que ya no tiene gracia. Ahora bien, si realmente Usted cree que yo tengo un equipo de químicos trabajando en mi granja para analizar el agua le digo que usted esta realmente loco. Y no se lo digo porque crea que va a ser presidente, tampoco porque crea que se puede terminar con el hambre en el mundo, se lo digo por un motivo muy simple ¿realmente se cree que porque un tipo en la calle me de una bolita naranja yo me voy a tomar el trabajo de hacer un agujero en el piso donde entre una tonelada de agua?, ¿No pensó en la posibilidad de que su invento me importe un suspiro? La porquería esa que me dio se la tire al chancho, de ninguna manera iba a gastar tiempo y dinero en algo así, sería una locura de mi parte. De hecho, debo decirle que no le creí ni por un segundo, y si le invente eso de que había respetado las dosis fue solamente para no decepcionarlo, pero el chancho esta realmente flaco. Le digo más mi barbudo y loco amigo, como si fuese una maldición, desde que comió esa porquería el chancho no engordo más. Así que su invento es un fracaso. Si señor, un fracaso. Y agradezca que no lo denuncie por apología de la anorexia e intoxicación.-
El barbudo quedó en silencio por un segundo. El discurso de Ricardo lo había sacado de lugar. Lo que el le decía era cierto, de hecho él no tenía ni la más mínima esperanza de que alguien le hiciese caso con su experimento. A pesar de la genialidad de su invento existía ese pequeño punto muy débil. Otro más y todo empezaba a tambalearse como si alguien hubiese saboteado la coherencia. Con su aspecto nadie se iba a tomar el trabajo de juntar toda esa agua, nadie toma en serio a un desprolijo. Eso es. De hecho nunca le había aclarado lo del agua, ni la cantidad, ni la dosis. Esta idea lo había torturado en los primeros meses de la dulce espera, se abandonó decidido a que el destino decida. Aunque estaba muy seguro de su invento y sabía que si aquel tipo estaba en esa esquina a la hora señalada y el día señalado era por su culpa, y si decía la verdad, si no había hecho las cosas bien ¿Para que había ido? Si no le creyó, si no estaba gordo, no había motivos para ir, solo el asombro y o la codicia.
Como si todo le cerrase en un segundo el barbudo miró a Ricardo Singusto encontrándose con lo inevitable. Encima no se lo había dicho, su silencio lo condenó y esa culpa pesaría para siempre en sus espaldas.
-¿Así que Usted le dio mi experimento entero a su chancho? ¿Y dice que después de eso, como por una maldición no engordó más no?
- Exactamente – Y un silencio.
-Bueno mi amigo,- empezó el barbudo con un rotundo cambio de animo – Tiene Usted razón, toda esta broma ya llegó demasiado lejos, Usted debe ser un hombre muy ocupado y debe tener un montón de cosas que hacer. No lo entretengo más. De hecho, ¿No se lo comente no? Me voy de viaje, sisi, hoy mismo a la noche me voy para Jujuy, no vuelvo más, así que me despido, fue un gusto hablar con usted, salúdeme a Ricardito-
Le dio la mano para arriba y para abajo, le agarro los dedos con la palma mojada. Así se fue el barbudo, riéndose nervioso y repitiendo. Ricardito. Ricardito. Repitiendo.
Aquella escena había acercado la desorientación a Ricardo Singusto. No encontraba como interpretar aquella situación, sabía con sus huesos que atribuirle locura al barbudo era demasiado simple. No encontró una idea mejor a la resignación, creo que se dejó tranquilizar.
Pobre tipo pensaba el barbudo. No tiene ni idea de lo que hizo. Lo mejor será que desaparezca por un tiempo de esta zona, seguramente me va a venir a buscar. Meditaba muy seriamente sobre estas cuestiones, sintió miedo desde lo cobarde para decir huir, en el fondo y en lo plano estaban torturándolo ¿Cómo podía ser tan insensible?
No hay nada que se pueda hacer. Lo repetía consolando a la repetición. Después de todo yo no sabría como ayudarlo y aunque quisiese ayudarlo el no me creería, me tomaría por loco. No hay no algo.
Por momentos inciertos su miedo se borraba y aparecía el coraje, entonces el barbudo hablaba desde lo injusto y no podía dejar solo a aquel pobre tipo, que debía ayudarlo de alguna manera y todo eso que queda dando vueltas en las orejas puntiagudas. Aunque sea a transitar el destierro a Sirvenia, pero lo tenía que ayudar. El quedaría solo, su mujer no iba a estar, la historia no sería la misma. Trágicas consecuencias de los descuidos y las casualidades, todo se complicó en una duda.
Ya estaba escrito lo que pasaría. El devenir tembló y lloró cuando perdió la orientación. La única realidad es que él no tenía ni idea de cómo se desarrollarían las cosas de aquí en adelante. Y el barbudo que tampoco sabía exactamente que es lo que iba a pasar. Nadie sabía. Todos temblaban.
Quizás nadie en este mundo supiese lo que podía poder pasar. Aunque eso ya no fuera asunto de esta historia había ruido por todos lados. Mientras hacía frío Ricardo tomaba por loco al barbudo para poder irse agradecido de no estar secuestrado en ese preciso momento. Muy de a poco se olvidó de todo el asunto y hasta pudo recordar los tulipanes.
Debatiéndose entre huir o ayudar eligió lo inevitable.
Es que el otro tenía que buscarlo, era seguro que Ricardo regresaría para encontrarse con la cara de la desgracia. Cada minuto valía dedo. Rematando las certezas se acordó de las muchas vidas, eso lo iba a matar con el tiempo, de eso no se escapa uno ni parado en una piedra. Ni los Ríos quitan esas penas. El barbudo tomó la responsabilidad de buscar ayuda para ser útil cuando se lo necesite. Sería difícil explicarle todo, pero él tendría que entender. Después de todo él tuvo la culpa, él le advirtió, estaba seguro que se lo había dicho. Ya no tenía sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario