
Cuando el barbudo dejó a Ricardo en aquella esquina salió decidido a buscar una respuesta. Había que ser prevenido, y hasta que el momento llegue debía de leerse todo aquel libro, habría que buscar mucha información.
En una esquina perdida de la Provincia de Buenos Aires, en un lugar olvidado por la geografía y la urbanización, en un pueblo sin nombre al sur de todos los campos fue donde empezó todo esto y en ese mismo lugar debía empezar a terminar. Pero antes de la reunión con Ricardo todo iba según lo planeado, el barbudo daba por sentado que sería una persona poderosa y de dinero, como sólo faltaban un par de horas para la gloria se decidió a darse un agasajo aquel diez de enero. Se había metido en una pizzería deliciosa de la calle corrientes, de esas que tienen un montón de años haciendo mangares y se pidió una pizza grande de las más caras, de esas que tienen el mismo nombre del lugar y una enumeración interminable de ingredientes. Todo esto acompañado de una cerveza helada, que fueron dos. Cuando terminó, para redondear el festejo, pidió flan mixto de postre. Fue una comida increíble. Pero el caso es que se gastó hasta el último de sus centavos (de hecho le faltaron dos pesos para pagar la cuenta completa, el mozo al ver el aspecto del barbudo se dio cuenta que no tenía forma de sacarle más plata y lo dejo ir) y tubo que irse a pie al encuentro con Ricardo. Como toda comida que se disfruta apasionadamente el tiempo no fue uno de sus condimentos y la hora del encuentro se había acercado peligrosamente teniendo en cuenta las distancias y la falta de recursos. El barbudo tubo que ir corriendo.
Ahora le tocaba encarar un viaje al sur de la Provincia, pero este problema de solvencia otra vez se mostraba como un obstáculo. No había lugar para las dudas, ahora no podría valerse de sus capacidades atléticas, estaba muy lejos.
Cuidadosamente analizó sus alternativas, al ver que no había ninguna optó por generarse una, las circunstancias ameritaban una solución inmediata. Mientras iba casi corriendo por una calle sin rumbo alguno decidió su solución. Entró en un negocio, un lugar donde vendían presencia, de esos que tienen cosas caras por en vidriera. Seguramente dispondrían de algunos recursos para ayudarlo. En el mostrador había una señorita bastante bonita, de pelo corto y piernas gruesas. A ella se dirigió inmediatamente.
Con toda la calma que uno tiene cuando su misión es justa se paró delante de ella y le dijo que era totalmente necesario que le de doscientos pesos para un trabajo muy importante que tenía que encarar. El barbudo observó que la señorita no había entendido la importancia del asunto porque él había sido poco efusivo en su pedido así que se dispuso a explicarle mejor la situación.
-El tema es el siguiente, Usted es una mujer muy inteligente así que me va a entender muy rápido. Resulta que un socio mío en un emprendimiento muy importante tiene un problema con su empresa. El está en el rubro alimenticio, yo estoy en el Rubro químico. Generamos alimentos universales que por su composición alteran la estructura de hormonas de los animales dándoles facilidades muy importantes para engordar. Pero la cuestión es que este tipo de sustancias tienen contraindicaciones muy importantes y sucedió algo que puede ser terrible. Bien aplicado este alimento universal puede curar el hambre en el mundo, yo voy a ser presidente de la republica argentina y voy a empezar por alimentar a todas las personas del país, pero es natural que vengan de otros países a querer comprar la fórmula porque nadie quiere tener gente muriéndose de hambre. Por lo tanto yo seré una persona muy importante en muy poco tiempo y Usted se sentirá muy orgullosa de haber sido parte de esta empresa y se alegrará por haber correspondido de una forma generosa y desinteresada. Espero señorita este captando la responsabilidad que, sin quererlo Usted, le ha tocado en suerte. Cuando yo aparezca por la televisión prometo contar en los programas italianos y noruegos, que pidan entrevistas con migo, su generosa colaboración y de esa forma Usted obtendrá una publicad que compensará ampliamente los doscientos pesos que en este momento le estoy pidiendo. A parte de eso, y como es muy natural, Usted señorita recibirá halagos y muchos meritos por ser en parte una especie de patrocinadora de esta empresa y también Usted tendrá el beneficio moral de ser una de las personas que curó, de una manera pequeña pero fundamental, el hambre en el mundo. Todo esto sin tener en cuenta las oportunidades que pueden llegar a resultar de tener el favor del presidente de la república y del futuro hombre del siglo. Pero todos estos son detalles, reconozco en sus ojos que Usted tiene un carácter sumamente altruista y que ni se le cruzan estas ideas hipotéticas. Por todo esto, como Usted muy bien puede ver, es más que conveniente para la humanidad, y en parte también para Usted, que me de esos doscientos pesos. Y le aclaro que aunque insista no voy a aceptar más que ese importe ya que considero que es una suma muy apropiada y no es cortés de mi parte pedir más de lo que necesito en para este motivo tan trascendente.-
Una sonrisa se dibujó en el rostro de esta chica, debo confesar que una pequeña carcajada se le escapó involuntariamente mientras se llevaba la mano a la boca para taparla. La chica abrió su bolso y buscó entre los bolsillos, sacó su billetera y le dio un billete de veinte pesos al barbudo, le dijo que no podía darle lo que pedía pero que su esfuerzo tan locuaz ameritaba una recompensa.
El barbudo miró el billete un poco decepcionado, pero rápidamente reanalizó sus opciones y le pidió a la señorita un par de monedas más para viajar en colectivo. La chica se las dio con una nueva sonrisa en la boca, pero le aclaró que no le daría más.
Los doscientos pesos iniciales realmente eran muy necesarios, él tenía pensado viajar en un taxi. Pero dadas las circunstancias depuso de la idea de juntar el heroísmo, el paisajismo y la comodidad. Se conformó con el heroísmo. Entonces se decidió a tomarse un colectivo hasta retiro, de ahí un tren y en el pueblo más cercano caminar, caminaría bastante pero quizás pueda alquilar una bicicleta. La plata le alcanzaba perfectamente para la ida y la vuelta. La providencia era, a su manera, generosa. Pero el barbudo no pudo evitar sentirse un poco molesto, tranquilamente podría haberse escrito que la chica le daba los doscientos pesos y que el iba y venía en taxi, el sabía eso y se enojó, pero estaba muy apurado para detenerse en esos detalles. Era una lástima, al barbudo le gustaban mucho los viajes en taxi.
Solucionados los problemas económicos el trasladarse se dispuso normalmente. Retiro, tren y bicicleta (había que compensar con algo la falta del viaje en taxi y como también le gustaban mucho las bicicletas todo quedó en paz entre nosotros por el momento). La cuestión es que llegó al pueblo despoblado. Cuando entró no pudo dejar de sentirse un poco perdido. Lo mismo le había pasado la primera vez que había entrado a ese lugar. Era un pueblo muy chico, de pocas casas y sin personas, pero había algo en ese lugar que le hacía sentir que todo era una especie de desierto donde daba lo mismo ir para adelante, para atrás o para los costados. Todos lo lugares parecían llevarlo al un mismo y único centro.
El barbudo se dirigió rápidamente hasta la casa en cuestión. Era la casa más alta del pueblo y aunque estaba en muy malas condiciones podía verse que había sido una casa muy importante en otro momento. Según papeles encontrados en aquella primera vez la casa la habría construido un tal arquitecto Esperanza y el pueblo, en aquella remota época, era una ciudad buena. El barbudo había dormido varios días en la casa usando cada una de las habitaciones como propias. A pesar de haberla recorrido entera varias veces no fue hasta que se cumplió el mes viviendo allí que pudo ver la puerta al sótano. Como esta vez no tenía mucho tiempo, así que evitó la nostalgia y se fue derecho a cumplir con sus obligaciones.
Cuando abrió esa puerta, tan pesada como una montaña de elefantes, vio otra vez esa escalera tan oscura, de escalones cortos y medio pie afuera. No había luz, y a pesar de sus intentos con velas siempre la oscuridad ganaba. El viento estaba de acuerdo con la casa en mantener aquel lugar en penumbras. Como el barbudo ya tenía experiencia en estos asuntos no trató en vano, sabía que en el fondo había velas que él mismo había dejado con el fuego correspondiente por si acaso tuviese que volver.
Fue imposible, pero real. A medida que descendía por la escalera la luz brotaba del fondo permitiéndole ver un poco donde pisaba. Cuando llegó al sótano pudo darse cuenta que alguien había encendido una vela y había dejado todo listo para su llegada. Aquel lugar era tan profundo como todo el terreno de la casa y tenía el mismo ancho. Era un cuadrado enorme. Todas las paredes, centímetro por centímetro, estaban cubiertas por libros, libros sin biblioteca, uno encima del otro. En algunos lugares las pilas eran bastante irregulares y parecían poder caerse en cualquier momento. Todos los libros parecían haber sido escritos en diferentes idiomas y en tiempos muy remotos. Por supuesto ninguno tenía fechas, pero como estaban todas las hojas amarillas y las letras en tinta se podía suponer que aquellas escrituras no eran contemporáneas.
Lo que más había sorprendido al barbudo en su primera visita era que, a pesar de la cantidad incontable de libros que había en aquel lugar, todos eran el mismo libro. El barbudo no era un gran conocedor de idiomas, pero era un hombre inteligente, así que cuando vio que todos los libros tenían la misma cantidad de capítulos, con nombres bastante similares en los casos que el podía comparar, se inclinó por esa conclusión. Parecía que aquel libro había sido escrito en todos los idiomas que habían existido sobre la faz de la tierra en todos los tiempos, aun en aquellos idiomas que todavía no existían. Muchos de esos lenguajes no compartían ni los símbolos, así que se hizo muy complicada la confirmación de esta teoría. Todo se solucionó cuando encontró la pila de libros que contenía los idiomas modernos. Cuando encontró el libro que correspondía a su idioma el barbudo pudo confirmar sus ideas. El libro se llamaba ‘Por una nueva tecnología de la alimentación’ y ya en su prologó especificaba que, dada su gran importancia, había sido traducido a todos los idiomas y lenguajes. Pero lo que no se aclaraba era quien había escrito ese libro ni porque estaban todos apilados en la Provincia Buenos Aires. El barbudo creyó que en cada ciudad había un sótano igual a este en una casa antigua, bella y enorme. Su suposición era casi acertada. En realidad, lo que el barbudo nunca llegó a saber, era que la casa no estaba en la Provincia de Buenos Aires, aunque si estaba en todas las ciudades del mundo. Aquella casa es el fin del mundo. Desde todos lados se podía llegar a pesar de que estuviese en ningún lugar.
En esa oportunidad se dedicó a la lectura minuciosa del libro, pero nunca pudo terminarlo. Tenía más de ocho mil páginas. Al ver que era un libro tan importante como para que alguien se tome el trabajo de traducirlo a mano a tantos idiomas se decidió a leerlo completo, pero cuando llegó a la parte en la que se explicaba la forma de construir un alimento universal se concentró en aquel capítulo. Había muchas cosas que eran sobre química y otras ciencias que el no conocía, casi no le quedaban pestañas cuando por fin obtuvo la pelotita azul. A decir verdad sólo ese capítulo tenía un mil quinientas hojas. Es por eso, por el gran trabajo que implicaba, por la emoción al ver el experimento terminado, que el barbudo omitió leer todo. A pesar de ello él sabia como debía ser aplicado, sabía que terribles cosas podían pasar si no se cumplía al pie de la letra con las especificaciones sobre dosificación, pero no sabía exactamente que podía pasar. Ojeó todo el libro buscando esta información, pero no la encontró. Se fue con la esperanza de que lo que tenía que pasar no pase.
Ahora no tenía alternativa, debía pegarse a la silla y leer sin parar hasta dar con la respuesta. Por favor al altruismo el libro lo estaba esperando, en la misma mesa donde había hecho sus estudios la primera vez, con una vela prendida, en el idioma correcto. Todo estaba listo y preparado. Salvo por un detalle, estaba cerrado. El barbudo volvió a enojarse con la providencia, ya que se habían roto un par de leyes lógicas y alguien desconocido le había dejado la vela prendía y el libro listo en un pueblo sin gente, entonces se preguntó porque nadie había marcado el capítulo, ¿Por qué el libro no estaba abierto ya en la parte correcta? Pensó que era muy injusto que se tomasen el trabajo de ir hasta ese lugar sólo a prender una vela y dejar un libro arriba de la mesa, pensó sobre todo en que le habían dejado la parte más difícil a él. Pero en el medio de sus insultos tubo que comerse sus palabras una por una. El libro, si bien cerrado, tenía un separador, cuando fue abierto en aquella página encontró un capítulo que decía ‘sobre las cinco formas de matar un chancho que comió la pelotita azul entera por la negligencia de un barbudo irresponsable’. Este capítulo lo sorprendió mucho, primero porque había leído todos los nombres de los capítulos en su primera visita y este no era uno de ellos. Pero más que nada se sorprendió por la puntualidad del capitulo. Parecía estar escrito para él. No dando crédito a lo que sus ojos leían buscó en los otros libros y se encontró con la sorpresa de que aquel capitulo era único. Lo más increíble de todo era que él ya había comparado y en todos los casos había la misma cantidad de capítulos. Bueno, ahora su idioma tenía un capitulo más.
Esta y otras cosas inexplicables debían estar resueltas en las siguientes páginas. Era muy importante leer, pero como es costumbre en las largas lecturas, uno primero mira cuantas hojas tiene por delante. Después de una pequeña cuenta matemática que consiste en restarle al número de página en el que termina el capítulo el número de página en el que el capítulo empieza todo estaba dispuesto. Quinientas sesenta páginas dijo el barbudo para sus adentros. Y se puso a leer.
En una esquina perdida de la Provincia de Buenos Aires, en un lugar olvidado por la geografía y la urbanización, en un pueblo sin nombre al sur de todos los campos fue donde empezó todo esto y en ese mismo lugar debía empezar a terminar. Pero antes de la reunión con Ricardo todo iba según lo planeado, el barbudo daba por sentado que sería una persona poderosa y de dinero, como sólo faltaban un par de horas para la gloria se decidió a darse un agasajo aquel diez de enero. Se había metido en una pizzería deliciosa de la calle corrientes, de esas que tienen un montón de años haciendo mangares y se pidió una pizza grande de las más caras, de esas que tienen el mismo nombre del lugar y una enumeración interminable de ingredientes. Todo esto acompañado de una cerveza helada, que fueron dos. Cuando terminó, para redondear el festejo, pidió flan mixto de postre. Fue una comida increíble. Pero el caso es que se gastó hasta el último de sus centavos (de hecho le faltaron dos pesos para pagar la cuenta completa, el mozo al ver el aspecto del barbudo se dio cuenta que no tenía forma de sacarle más plata y lo dejo ir) y tubo que irse a pie al encuentro con Ricardo. Como toda comida que se disfruta apasionadamente el tiempo no fue uno de sus condimentos y la hora del encuentro se había acercado peligrosamente teniendo en cuenta las distancias y la falta de recursos. El barbudo tubo que ir corriendo.
Ahora le tocaba encarar un viaje al sur de la Provincia, pero este problema de solvencia otra vez se mostraba como un obstáculo. No había lugar para las dudas, ahora no podría valerse de sus capacidades atléticas, estaba muy lejos.
Cuidadosamente analizó sus alternativas, al ver que no había ninguna optó por generarse una, las circunstancias ameritaban una solución inmediata. Mientras iba casi corriendo por una calle sin rumbo alguno decidió su solución. Entró en un negocio, un lugar donde vendían presencia, de esos que tienen cosas caras por en vidriera. Seguramente dispondrían de algunos recursos para ayudarlo. En el mostrador había una señorita bastante bonita, de pelo corto y piernas gruesas. A ella se dirigió inmediatamente.
Con toda la calma que uno tiene cuando su misión es justa se paró delante de ella y le dijo que era totalmente necesario que le de doscientos pesos para un trabajo muy importante que tenía que encarar. El barbudo observó que la señorita no había entendido la importancia del asunto porque él había sido poco efusivo en su pedido así que se dispuso a explicarle mejor la situación.
-El tema es el siguiente, Usted es una mujer muy inteligente así que me va a entender muy rápido. Resulta que un socio mío en un emprendimiento muy importante tiene un problema con su empresa. El está en el rubro alimenticio, yo estoy en el Rubro químico. Generamos alimentos universales que por su composición alteran la estructura de hormonas de los animales dándoles facilidades muy importantes para engordar. Pero la cuestión es que este tipo de sustancias tienen contraindicaciones muy importantes y sucedió algo que puede ser terrible. Bien aplicado este alimento universal puede curar el hambre en el mundo, yo voy a ser presidente de la republica argentina y voy a empezar por alimentar a todas las personas del país, pero es natural que vengan de otros países a querer comprar la fórmula porque nadie quiere tener gente muriéndose de hambre. Por lo tanto yo seré una persona muy importante en muy poco tiempo y Usted se sentirá muy orgullosa de haber sido parte de esta empresa y se alegrará por haber correspondido de una forma generosa y desinteresada. Espero señorita este captando la responsabilidad que, sin quererlo Usted, le ha tocado en suerte. Cuando yo aparezca por la televisión prometo contar en los programas italianos y noruegos, que pidan entrevistas con migo, su generosa colaboración y de esa forma Usted obtendrá una publicad que compensará ampliamente los doscientos pesos que en este momento le estoy pidiendo. A parte de eso, y como es muy natural, Usted señorita recibirá halagos y muchos meritos por ser en parte una especie de patrocinadora de esta empresa y también Usted tendrá el beneficio moral de ser una de las personas que curó, de una manera pequeña pero fundamental, el hambre en el mundo. Todo esto sin tener en cuenta las oportunidades que pueden llegar a resultar de tener el favor del presidente de la república y del futuro hombre del siglo. Pero todos estos son detalles, reconozco en sus ojos que Usted tiene un carácter sumamente altruista y que ni se le cruzan estas ideas hipotéticas. Por todo esto, como Usted muy bien puede ver, es más que conveniente para la humanidad, y en parte también para Usted, que me de esos doscientos pesos. Y le aclaro que aunque insista no voy a aceptar más que ese importe ya que considero que es una suma muy apropiada y no es cortés de mi parte pedir más de lo que necesito en para este motivo tan trascendente.-
Una sonrisa se dibujó en el rostro de esta chica, debo confesar que una pequeña carcajada se le escapó involuntariamente mientras se llevaba la mano a la boca para taparla. La chica abrió su bolso y buscó entre los bolsillos, sacó su billetera y le dio un billete de veinte pesos al barbudo, le dijo que no podía darle lo que pedía pero que su esfuerzo tan locuaz ameritaba una recompensa.
El barbudo miró el billete un poco decepcionado, pero rápidamente reanalizó sus opciones y le pidió a la señorita un par de monedas más para viajar en colectivo. La chica se las dio con una nueva sonrisa en la boca, pero le aclaró que no le daría más.
Los doscientos pesos iniciales realmente eran muy necesarios, él tenía pensado viajar en un taxi. Pero dadas las circunstancias depuso de la idea de juntar el heroísmo, el paisajismo y la comodidad. Se conformó con el heroísmo. Entonces se decidió a tomarse un colectivo hasta retiro, de ahí un tren y en el pueblo más cercano caminar, caminaría bastante pero quizás pueda alquilar una bicicleta. La plata le alcanzaba perfectamente para la ida y la vuelta. La providencia era, a su manera, generosa. Pero el barbudo no pudo evitar sentirse un poco molesto, tranquilamente podría haberse escrito que la chica le daba los doscientos pesos y que el iba y venía en taxi, el sabía eso y se enojó, pero estaba muy apurado para detenerse en esos detalles. Era una lástima, al barbudo le gustaban mucho los viajes en taxi.
Solucionados los problemas económicos el trasladarse se dispuso normalmente. Retiro, tren y bicicleta (había que compensar con algo la falta del viaje en taxi y como también le gustaban mucho las bicicletas todo quedó en paz entre nosotros por el momento). La cuestión es que llegó al pueblo despoblado. Cuando entró no pudo dejar de sentirse un poco perdido. Lo mismo le había pasado la primera vez que había entrado a ese lugar. Era un pueblo muy chico, de pocas casas y sin personas, pero había algo en ese lugar que le hacía sentir que todo era una especie de desierto donde daba lo mismo ir para adelante, para atrás o para los costados. Todos lo lugares parecían llevarlo al un mismo y único centro.
El barbudo se dirigió rápidamente hasta la casa en cuestión. Era la casa más alta del pueblo y aunque estaba en muy malas condiciones podía verse que había sido una casa muy importante en otro momento. Según papeles encontrados en aquella primera vez la casa la habría construido un tal arquitecto Esperanza y el pueblo, en aquella remota época, era una ciudad buena. El barbudo había dormido varios días en la casa usando cada una de las habitaciones como propias. A pesar de haberla recorrido entera varias veces no fue hasta que se cumplió el mes viviendo allí que pudo ver la puerta al sótano. Como esta vez no tenía mucho tiempo, así que evitó la nostalgia y se fue derecho a cumplir con sus obligaciones.
Cuando abrió esa puerta, tan pesada como una montaña de elefantes, vio otra vez esa escalera tan oscura, de escalones cortos y medio pie afuera. No había luz, y a pesar de sus intentos con velas siempre la oscuridad ganaba. El viento estaba de acuerdo con la casa en mantener aquel lugar en penumbras. Como el barbudo ya tenía experiencia en estos asuntos no trató en vano, sabía que en el fondo había velas que él mismo había dejado con el fuego correspondiente por si acaso tuviese que volver.
Fue imposible, pero real. A medida que descendía por la escalera la luz brotaba del fondo permitiéndole ver un poco donde pisaba. Cuando llegó al sótano pudo darse cuenta que alguien había encendido una vela y había dejado todo listo para su llegada. Aquel lugar era tan profundo como todo el terreno de la casa y tenía el mismo ancho. Era un cuadrado enorme. Todas las paredes, centímetro por centímetro, estaban cubiertas por libros, libros sin biblioteca, uno encima del otro. En algunos lugares las pilas eran bastante irregulares y parecían poder caerse en cualquier momento. Todos los libros parecían haber sido escritos en diferentes idiomas y en tiempos muy remotos. Por supuesto ninguno tenía fechas, pero como estaban todas las hojas amarillas y las letras en tinta se podía suponer que aquellas escrituras no eran contemporáneas.
Lo que más había sorprendido al barbudo en su primera visita era que, a pesar de la cantidad incontable de libros que había en aquel lugar, todos eran el mismo libro. El barbudo no era un gran conocedor de idiomas, pero era un hombre inteligente, así que cuando vio que todos los libros tenían la misma cantidad de capítulos, con nombres bastante similares en los casos que el podía comparar, se inclinó por esa conclusión. Parecía que aquel libro había sido escrito en todos los idiomas que habían existido sobre la faz de la tierra en todos los tiempos, aun en aquellos idiomas que todavía no existían. Muchos de esos lenguajes no compartían ni los símbolos, así que se hizo muy complicada la confirmación de esta teoría. Todo se solucionó cuando encontró la pila de libros que contenía los idiomas modernos. Cuando encontró el libro que correspondía a su idioma el barbudo pudo confirmar sus ideas. El libro se llamaba ‘Por una nueva tecnología de la alimentación’ y ya en su prologó especificaba que, dada su gran importancia, había sido traducido a todos los idiomas y lenguajes. Pero lo que no se aclaraba era quien había escrito ese libro ni porque estaban todos apilados en la Provincia Buenos Aires. El barbudo creyó que en cada ciudad había un sótano igual a este en una casa antigua, bella y enorme. Su suposición era casi acertada. En realidad, lo que el barbudo nunca llegó a saber, era que la casa no estaba en la Provincia de Buenos Aires, aunque si estaba en todas las ciudades del mundo. Aquella casa es el fin del mundo. Desde todos lados se podía llegar a pesar de que estuviese en ningún lugar.
En esa oportunidad se dedicó a la lectura minuciosa del libro, pero nunca pudo terminarlo. Tenía más de ocho mil páginas. Al ver que era un libro tan importante como para que alguien se tome el trabajo de traducirlo a mano a tantos idiomas se decidió a leerlo completo, pero cuando llegó a la parte en la que se explicaba la forma de construir un alimento universal se concentró en aquel capítulo. Había muchas cosas que eran sobre química y otras ciencias que el no conocía, casi no le quedaban pestañas cuando por fin obtuvo la pelotita azul. A decir verdad sólo ese capítulo tenía un mil quinientas hojas. Es por eso, por el gran trabajo que implicaba, por la emoción al ver el experimento terminado, que el barbudo omitió leer todo. A pesar de ello él sabia como debía ser aplicado, sabía que terribles cosas podían pasar si no se cumplía al pie de la letra con las especificaciones sobre dosificación, pero no sabía exactamente que podía pasar. Ojeó todo el libro buscando esta información, pero no la encontró. Se fue con la esperanza de que lo que tenía que pasar no pase.
Ahora no tenía alternativa, debía pegarse a la silla y leer sin parar hasta dar con la respuesta. Por favor al altruismo el libro lo estaba esperando, en la misma mesa donde había hecho sus estudios la primera vez, con una vela prendida, en el idioma correcto. Todo estaba listo y preparado. Salvo por un detalle, estaba cerrado. El barbudo volvió a enojarse con la providencia, ya que se habían roto un par de leyes lógicas y alguien desconocido le había dejado la vela prendía y el libro listo en un pueblo sin gente, entonces se preguntó porque nadie había marcado el capítulo, ¿Por qué el libro no estaba abierto ya en la parte correcta? Pensó que era muy injusto que se tomasen el trabajo de ir hasta ese lugar sólo a prender una vela y dejar un libro arriba de la mesa, pensó sobre todo en que le habían dejado la parte más difícil a él. Pero en el medio de sus insultos tubo que comerse sus palabras una por una. El libro, si bien cerrado, tenía un separador, cuando fue abierto en aquella página encontró un capítulo que decía ‘sobre las cinco formas de matar un chancho que comió la pelotita azul entera por la negligencia de un barbudo irresponsable’. Este capítulo lo sorprendió mucho, primero porque había leído todos los nombres de los capítulos en su primera visita y este no era uno de ellos. Pero más que nada se sorprendió por la puntualidad del capitulo. Parecía estar escrito para él. No dando crédito a lo que sus ojos leían buscó en los otros libros y se encontró con la sorpresa de que aquel capitulo era único. Lo más increíble de todo era que él ya había comparado y en todos los casos había la misma cantidad de capítulos. Bueno, ahora su idioma tenía un capitulo más.
Esta y otras cosas inexplicables debían estar resueltas en las siguientes páginas. Era muy importante leer, pero como es costumbre en las largas lecturas, uno primero mira cuantas hojas tiene por delante. Después de una pequeña cuenta matemática que consiste en restarle al número de página en el que termina el capítulo el número de página en el que el capítulo empieza todo estaba dispuesto. Quinientas sesenta páginas dijo el barbudo para sus adentros. Y se puso a leer.
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