
En principio las ideas no tienen dueños, tienen autores. Pero la autoría es un proceso también muy particular. Las ideas se encuentran en el mundo y es la realidad la única fuente de ideas. Desde ella se puede lograr construir, atar, formar, en otras palabras desde la realidad es posible construir, y esta construcción resulta sólo a veces.
Las diferentes formas dialogan en comunicación permanente, pero este dialogo es sumamente agresivo. Las formas se superponen porque comparten una misma realidad, estas interpretaciones son construcciones significativas que todavía no han encontrado la manera de compartir un mismo espacio. Este problema lamentable persiste por su adicción a la exclusividad.
Las formas poseen un grave problema de ego, desde muy chiquitas han sufrido padres sumamente estrictos que han proyectado sobre ellas todas sus frustraciones cargándolas con sus propios fracasos. En lugar de disfrutar de su niñez, de pasear por las plazas y parques, en lugar de jugar entre ellas con reglas continuamente inventadas han tenido que cargar con expectativas ajenas perdiéndose de la posibilidad de disfrutar de la belleza que se pueden sentir aquellos que todavía no se afeitan los dientes a la mañana.
La realidad ha intentado un millón de veces explicar que no deben tratar de capturarla como si fuese mariposa, sino más bien tratarla como una inestabilidad permanente e irreversible, como un no-espacio en el que todas las formas pueden poder pero ninguna tiene el deber. En un mismo acá, un no-lugar que ignora cuestiones de pertenencia, la realidad como una amorosa abuela de noventa y tres años a tratado muchas veces de explicar a las formas que ninguna debe conquistar, que el territorio es una totalidad compartida, es que por su misma existencia todas son formas de la realidad, no necesitan validarse, no pueden hacerlo, simplemente son. Pero las formas no aceptan su existencia en si como un logro, han tenido una crianza muy difícil, compiten entre ellas, intentan imponerse, todas desean demostrar su autenticidad, su verdad, su jerarquía. Y todas lo logran, pero a la vez. Pero ellas no y no. Insisten en que solo una puede y ahora la realidad que no y no.
Una vez se le trató de explicar esto con un ejemplo. La realidad pidió que pensasen en una historia, una historia cualquiera, que decidiesen contar algo. En esa historia pueden pasar muchas cosas y puede que no pase nada, pueden desear o pueden necesitar, pueden afirmar o pueden negar, hasta pueden dormir o descansar en las sombras. Pueden hasta abstenerse de contar su propia historia. A su vez, todas esas historias que ustedes piensan, les dijo con gran dulzura en el fondo de la lengua, todas esas historias que dicen algo, porque cada una a su manera dice algo, cuando hablan son habladas por una historia. A pesar de alguna de ellas, que puede llegar a resultar más convincente, o a alguna que las haga conmoverse hasta llorar, a pesar de cualquier cosa, todas esas historias siempre se compartirán como formas de una misma verdad. Esa verdad que a todas las hace historias les dijo, esa misma verdad es la verdad de su origen, de su naturaleza, en tanto que todas son historia ninguna será nunca más historia que las demás.
Las formas amorfas preguntaron a la realidad si estaba insinuando que ellas, en tanto formas, nunca podrían ser más que la historia que alguien contó, más que un cuento, triste o alegre, ingrato o blasfemo, pero un texto en fin. Con tantísima paciencia la realidad les explicó que en parte tenían razón, pero que en otra parte no la tenían y además agregó que muchas otras partes tenían un bonito color verde. Tranquilizándolas puso otro ejemplo. Figúrense que ustedes si son como historias que alguien cuenta, figúrense que las formas pertenecen por su género a la literatura. Todas las formas no son más que historias que alguien cuenta. Algo que alguien tiene para decir. Pero eso, les explicó, es precisamente la fuente de toda su belleza y, más importante aun, les dijo con un dedo índice firme que apuntaba sucesivamente a algún lugar que ninguna podía ver, más importante aun es el hecho de que todo lo que ustedes buscan esta precisamente al alcance sus manos, que por cierto son sumamente delicadas. Las formas en tanto formas literarias comparten un mismo principio de verdad, todas ellas son igualmente ciertas. Cada historia que alguien cuenta no es simplemente la perspectiva de alguien que es contado, no es simplemente algo igualmente falso que cualquier otra mentira. De hecho la única forma que puede tomar la realidad es la forma literaria. El mundo es una hoja continuamente en blanco.
En tanto literatura toda afirmación que existe es verdadera, todas las formas comparten un espacio común que es la realidad, y sobre ese espacio cada forma representa una parte, cada afirmación expresa una porción de esa realidad, un territorio, y la realidad en su conjunto es el resultado de la comunión de todas las afirmaciones y de todas las verdades y de todas las formas.
Cada una de las ideas nace con la expectativa de realizarse como verdad. Pero cada idea es en si misma una verdad porque la realidad comprendida como texto no es más que la fuente de infinitas expresiones. La comunión de estas ideas construye mundos, y mientras muchas ideas hablan a los gritos muchas otras callan. Muchos mundos permanecen todavía escondidos, esperando que alguien logre escuchar su silencio. Cada uno de eso mundos que brotan de la realidad existen en un mismo espacio, en un mismo tiempo, existen ahora mismo.
Mientras cada una de las normalidades a las que todos estamos acostumbrados se repite cotidianamente sin ningún asombro, mientras todas las mañanas hay un desayuno en la mesa, mientras es todos los días mate con biscochitos, en ese mientras tanto que se repite todo el tiempo existen incontables mundos que flotan, todos desde la misma realidad.
En cada uno de esos mundos las formas son completamente diferentes, el mate quizás ya no se toma con biscochitos, quizás en alguno de esos mundos ni siquiera se desayune, en algunos de esos mundos cada una de las costumbres a las que estamos acostumbrados podría no repetirse, no solo es posible que en otros mundos exista este mundo, sino que por cada expresión perceptible quedan relegadas a la vacía caja de espumas dos rulos de pelo y una porción de sabor azul.
Tan cómodos en nuestro lugar, así como las formas, preferimos suponer que sólo puede existir una forma de ver, que solo pude existir un mundo, que un texto solo es un libro. Perdemos infinidad de tiempo en demostrar que mundo es más real como si acaso fuera posible que exista un mundo pensable pero no real, como si acaso el pensamiento no fuese otra cosa que el descubrir esos nuevos mundos, como si cada idea no fuese otra cosa que encontrar una nueva forma, otra expresión de la misma realidad, que siempre estuvo en el mismo lugar, hablándonos en muchos lenguajes pero escuchada de muy pocas maneras.
Eso es un autor, el o la que escribe en el aire sobre aquello que ya estaba ahí. La realidad sonríe, permanece incontable para los mudos. Riendo inocente en una mañana de viento frío y sol.
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