jueves, 31 de julio de 2008

Nueve


Revolví absolutamente todo el lugar y no apareció. Realmente no puedo creerlo, lo había dejado arriba de la mesa, lo imprimí anoche y lo deje arriba de la mesa. Encima de todo no quise leerlo, pensé que era mejor dejar pasar la noche, agarrarlo con el primer mate de la mañana, con ese cigarrillo del mate por la mañana. Ahora ya no existe. Era el final, el final de esta historia, la última escena que quería contarles, estuve escribiéndola por muchas noches, era un final maravilloso.
Pero ahora no está, desapareció.
Se que ustedes no van a creerme, pero era un final feliz, desarmé mi cabeza escribiendo un final feliz para esta historia, quería llenarla de preguntas, ahora que no lo encuentro todo va a desmoronarse.

Un día desperté en este lugar, aunque había dos puertas y una ventana no había salidas o entradas. Los motivos de mi encierro estaban casi a mi alcance, como si pudiese conocerlos. Hace mucho que sospecho que alguien me encerró en este lugar. Mi identidad, mi nombre y mi pasado nunca me pertenecieron. Son de alguien más, son del carcelero y no quiere entregármelos. En este lugar fui puesto como castigo, y todo por contaminarlo. En ese pecho mi peste arrasó su voluntad, él fue muy cobarde para revelarse y, por esa debilidad, tuvo que confinarme al destierro del olvido.
Entonces mis cuentos, entonces las historia son los miedos del mundo, son su necesidad de ponerse un día de pie y gritar. Nunca quiso que muera, no pudo aceptar su propia muerte, así fue como seguí y escribí más cuentos. En mi muerte su vida podía encontrarse, pero no lo aceptó. Tampoco quiere mi final feliz.
Atrás de estas paredes se que encontraré mi sombra y su cara, se que en cuanto me deje dejar tendré que volver. Seguramente por eso se robó mi final, ya no me quiere. No podía aceptar el regreso.
Se acabó carcelero, no puedo más. Vas a tener que regalarme la libertad. Vas a tener que dejarme salir de este lugar. Mis sufrimientos son tuyos, te los devuelvo. Quiero que abras una ventana carcelero ¿No podés entenderme no? Te lo robaste, tuviste que esconderlo, de mí y de voz.
Una ventana carcelero, una ventana y vuelvo, te devuelvo tus penas, te devuelvo mis cuentos carcelero, todos por una ventana.
El carcelero abre una ventana en el cuarto.
- Sin nombre, no puedo dejarte salir- y desaparece.
Escuchame carcelero, tenés que entenderme, en los límites de tu cárcel no puedo encontrar lo que me falta, necesito salir, necesito un final para mi historia.
El carcelero vuelve a abrir una ventana.
- Sin nombre, tu final no existe. Yo te soplaba sin nombre, te empujaba. Pero vos tuviste miedo, y tu miedo te hizo. Para siempre será muy tarde.
Lo único que tengo carcelero, mi sufrimiento carcelero, te lo doy. Sabes que es lo único que tengo. Te lo cambio, si abrís la ventana por la que me hablas, si me dejas salir todo te lo doy.
-Sin nombre, tu sufrimiento te hace existir, yo te lo entregué. Si lo acepto te permito abandonarte. Puedo darte una ventana, pero desaparecerías- entonces la ventana desaparece. El cuarto queda a oscuras.
El carcelero no quiere para mí un final feliz, sabe que puedo encontrarlo afuera pero no lo quiere. Me prefiere encerrado, no tiene que soportar el peso de mis penas si me tiene encerrado. Sabe que yo elegí morir, sabe que no lo permitió, fueron sus miedos no los míos, los mismos miedos que pretenden ahora que escriba una historia por siempre. Una ventana carcelero, una ventana chiquita.
Yo me treparía.
Esta vez, en la pared de la habitación aparece un ojo. Es hermoso y tan grande como toda la pared. Además habla.
-Sin nombre, somos un devenir. Mañana ya no vas a necesitar un final. Seguí escribiéndote.
Pero carcelero, mis adentros están afuera, voz sos mis adentros, vos me creaste. Sólo en voz puedo encontrar mi final feliz.
- Sin nombre, ese final nunca existió. Lo que tengas que encontrar aparecerá. La desesperación no es elegante.
El ojo del carcelero mira al sin nombre, escucha sus propias palabras y lo mira. Sabe que no puede tenerlo encerrado para siempre sabe, a demás, que no puede ser tan cobarde como para no darle una ventana.
Entonces el ojo vuelve a hablar sin boca ni sonidos.
- No tiene sentido sin nombre, no podés escribir un final feliz para esta historia. No pretendas engañarme. No voy a dejarte salir. Tus palabras son tuyas, no mías.
Pero el carcelero esta tentado, empieza a dudar, sabe que puede ser que el sin nombre tenga razón. Sabe que tiene que dejarlo salir. El carcelero se esfuerza por creer que estas palabras son del sin nombre, trata de entregárselas, pero sabe que son suyas, sabe que todo terminará en una ventana chiquita.
- Sin nombre, no puede existir tu ventana. Tuviste tu oportunidad y no la aprovechaste. No hay ventana. En este mundo que es tuyo existís, no podes salir.
El ojo trata de cerrarse, pero no puede. Se queda fijo en el sin nombre. Lo mira reconociéndolo. Una ventana chiquita carcelero, solo te pido una ventana chiquita.
El sin nombre sabe sembrar dudas. El carcelero decide abrirle una ventana.
-Sin nombre, no insistas. No hay final feliz. No hay ventana. No hay forma de que puedas convencerme.
El carcelero sabe que ya esta perdido, esta discutiendo con sus propios miedos. El sin nombre esta parado callado, pero el carcelero igual le contesta, una y otra vez. El ojo vuelve a hablar.
-Sin nombre, tus palabras son tuyas no mías. No va a haber ventana. No puede un haber final-
.
Terco carcelero, no querés escucharme. Necesito salir de este lugar. No podés dejarme acá para siempre. No seas cobarde carcelero.
A pesar de los intentos del sin nombre el ojo se cierra para siempre. El para siempre del carcelero es falso, se sabe volverá a abrir ese ojo hermoso y grande como una pared, el sin nombre espera que el carcelero tenga que volver a mirarse algún día. Otros mil años pasarán, tendrá tiempo para pensar como convencerlo. Si puede confundirlo podrá.

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